Esta es la historia de porqué las personas tenemos que estropear todas las cosas bonitas que nos regala la vida.
Yo, como algunas personas afortunadas, he tenido la suerte de encontrar un sitio donde sentarme cuando menos lo he esperado....Hacía ya mucho tiempo que andaba de pie, sin saber donde ir, sin rumbo, cansada; un día pase por una tienda y vi en el escaparate un sofa, uno de esos que yo jamás me plantearía comprarme, porque no combinaba con el resto de mis muebles.
Segun pasaba el tiempo comence a sentirme cada vez más cansada y a ver ese sofa mas amenudo, asique un día decidí entrar a la tienda y probarlo, ¿y porque no?, cuando me senté sobre él todos mis problemas desaparecieron, era el sofá mas comodo sobre el que me había sentado jamas, con una belleza particular, asique me lo compré.
Al principio todo era maravilloso, me tiraba horas sentada sobre mi estupendo sofá y no existia nada más en el mundo, mi sofá, mi sonrisa y yo, lo cuidaba y lo quería. Sin embargo al cabo de un tiempo, todo dejó de ser estupendo, y el hecho de que el sofá fuese tan distinto a mi, dejó de hacerme gracia, y toda esa comodidad a la que me había acostumbrado empezó a ser rutinaria y aburrida, hasta incluso llegué a ponerle cristales y sentarme sobre ellos para que dejase de ser tan confortable, pero lo seguía siendo, siempre estaba ahí para mi, esperando a que yo me sentase sobre él y me dejase mimar...
Me había cansado, ahora necesitaba otra cosa y tras mucho meditarlo al final lo tiré sin ninguna contemplación. Durante unos días estuvo junto a un contenedor abajo de mi casa, me asomaba a la ventana y lo veía ahí, tirado, solo, esperandome... mientras que yo me reafirmaba en mi decisión.
Era momento de empezar de nuevo, debía pensar muy bien lo que me apetecía ahora ¿andar?, ¿buscar un nuevo sofa?, ¿algunas sillas quizas?...NO! De repente todas esas opciones me parecían horribles, vi un par de sofas nuevos, de cuero, de esos que estan tan de moda y sobre los que te da gusto sentar a las visitas, de esos que yo siempre habia querido tener, pero ya no me apetecía tener nada de eso... ¿para que queria sentar a las visitas?, ¿entonces que se suponía que yo quería?.....
Me dí cuenta, yo quería un sofa para acurrucarme en invierno a leer con una manta, para llorar mientras veia una peli triste y dejar mis lagrimas en su tapicería, yo queria mi antiguo sofa! Corrí a la ventana... pero mi sofá ya no estaba, se lo había llevado el camión de la basura y sabía que no volvería jamas, daba igual lo mucho que yo llorase.
Ahora estoy aquí, sentada en el suelo y terriblemente cansada, sabiendo que mi sofá nunca jamás va a volver a mi lado y arrepintiendome de... de ser una chica.
PD: Se aceptan todo tipo de consejos, no creo que se pueda caer mas bajo